Recuerdos de mi abuela

 Oír a una señora hablando con su hijo por teléfono en un perfecto y correcto acento granaíno de interior, me trasladó de una forma mágica e inmediata a otro lugar. Las palabras que la señora decía dejaron de percibirlas mis oídos y fue ese acento recio y casi seco el que me llevó como un rayo a la presencia  de mi abuela Dora.

Mi abuela era  granaína y aunque vivió muchos años en Málaga, nunca perdió parte de ese acento, que a mí, de pequeña me parecía tan diferente y amoroso  de su boca. Murió cuando yo era relativamente chica, pero por suerte pasé  bastante  tiempo con ella; tiempo de ese que ahora modernamente llamamos " tiempo de calidad". Y aunque mi perimenopáusea me haga olvidar cosas cada día y la niebla mental me haga no poder poner nombre a objetos cotidianos,   tengo sus recuerdos tan cercanos como si hubiese estado ayer mismo con ella.Recuerdo su voz, su olor, su sonrisa con su muela de oro, como siempre era poco lo que habíamos comido, como le olía el pelo cuando en la pelu le ponía una ampolla para darle un reflejo a sus canas, su forma de andar...

Me encantaba tanto estar con ella, ir a su tienda, que era tienda y casa. Así que mi abuela ya "conciliaba"  y ponía un caldo de puchero mientras no había  nadie a que atender detrás del mostrador.

En ese salón diminuto de trastienda siempre había sitios para todos los suyos. Ella era una matriarca luchadora y fue el pegamento que unía a toda la familia ( fuiste abuela, aunque mi padre no fuese padre conmigo) 

Ella pasó mucho en la vida, se quedó  viuda con 28 años y cinco hijos en aquella época. Perdió una hija pequeña. Se vino a Málaga  a empezar una nueva vida y todo su afán  siempre fue que a su gente no le faltase nada. Tuvo la suerte de contar con sus hermanas, también  mujeres de carácter: la tita Josefina, la tita Conchi y la tía María ( todas ellas con  un parecido físico más que razonable). Y cuando la vida parecía ponerse menos dura y tras mucho trabajo a sus espaldas perdió a un nieto en un accidente, mi primo Javi, al que yo nunca conocí pero por alguna extraña razón, yo siempre lo sentí muy cerquita.

Al leer el relato, puede parecer que ella tuvo una vida triste,( seguramente  dentro de su corazón  había mucho dolor, que la ganas de tirar pa' lante' ni siquiera  le había permitido pararse a sentirlo) pero lo que yo recuerdo  de mi abuela  era esas ganas de sacar lo bueno, tener 5 minutos para reírse de cualquier  cosa y el planear ir aquí o allí  para divertirse. Ella siempre desprendía buen rollo y seguramente por  eso me encantaba todo lo que refería  estar con ella y obviamente  con los suyos( mi tía Angelita, mi tio Pepe, mi tía Conchi, mis primos: Ricky, Maru, Alberto, Cristi....)

¡Podría describir  tantos recuerdos  maravillosos! Y no son recuerdos de días grandiosos, son recuerdos de la belleza de lo cotidiano:  sus tortillas francesas a reventar de jamón cocido, el vestido que me bordó con su máquina nueva de coser eléctrica, cuando íbamos a Cómpeta, cuando nos llevaba al Circo o a alguna misa en la Iglesia de Carranque,  cómo se reía en la piscina de olas del parque  acuático aquel día que fuimos, cuando nos metía en la mini bañera de la tienda con una tortuga gigante que era la mascota de la casa...

Así que aquí  estoy abuela, escribiendo un poquito  sobre ti, para darte las gracias por dejar tantas cosas bonitas en mi....por tanto amorcito de abuela ( que no se puede  comparar con otros),para honrarte como la mujer luchadora que fuiste  y que pese a todo siempre estuvo llena de vitalidad y alegría. 

Así es mi recuerdo de mi abuela Dora, ojalá  todo  el mundo pudiera  tener un recuerdo de amor de abuela  así, porque es un recuerdo de felicidad y amor tan grandioso.¡¡¡ Gracias abuela!!!

Dedicado a todas las abuelas que sacaban las fuerzas y la alegría  de lo más  profundo  de sus entrañas para crearle recuerdos maravillosos a sus nietas. A todos  los nietos y nietas huérfanos de abuelas, que al pensarlas brotan sonrisas  y lágrimas a la vez. A mi abuela materna María, que la vida no me permitió  tener tantos recuerdos suyos.A mi santa madre por  crearle recuerdos  tan bonitos como los míos a mi hijo. Y a esa persona que una vez convirtió en universal  la frase de " las abuelas deberían ser eternas".

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