A los pies de su cama.
Fue muy duro, verla tumbada, dolorida y frágil, asustada, demacrada, con olor a vómito y sin derramar una sola lágrima. Porque ella es así de fuerte, cogió un taxi y se fue a casa, porque no quería asustarnos, porque pensaba que no sería nada. Ella no ha hecho otra cosa en su vida que servir, estar allí donde la necesitábamos y por eso mismo le costó tanto que fuese ella ahora la que necesitaba que la cuidaran. Los días de hospital, fueron devastadores, un ir y venir, porque sólo queríamos estar a su lado, acompañándola, y todo lo demás pasó a un segundo plano, sin pensarlo, con una organización espontánea y caótica, con ayuda de las personas que nos quieren. Gracias a tod@s. Y pasados unos meses ya, de todo aquello, los malos momentos se van desvaneciendo: los llantos de impotencia de no poder hacerle nada para aliviar su dolor, las ganas de coger por el cuello a aquellos sanitarios irresponsables e insensibles, el miedo de las horas de espera a las puertas de qu...